Universidad Nacional Autónoma de México • Instituto de Investigaciones Sociales

Discursive juggling. Trump, mass shootings and conservative nationalism

Juan Carlos Paulino Becerril*

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*Doctor en  geografía con orientación en geografía política por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Adscripción: Programa de Sociología, Facultad de Estudios Superiores Acatlán. Temas de especialización: la otredad en el discurso de la seguridad nacional, conflictos socioambientales ante megaproyectos y libre determinación en territorios indígenas. ORCID: 0000-0003-1171-735X.

 

Resumen: Desde el enfoque sociocognitivo del análisis crítico del discurso, se analiza el discurso del presidente Trump ante la violencia armada en Estados Unidos durante su primer mandato, con el objetivo de determinar si sus pronunciamientos frente a los tiroteos masivos activaron marcos cognitivos vinculados al nacionalismo conservador para orientar su interpretación social. La metodología combinó un análisis textual y un análisis contextual, aplicados a declaraciones oficiales sobre tiroteos masivos y a sus intervenciones en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CAPC). Se encontró que sus pronunciamientos buscaron activar marcos coherentes con la defensa de las armas, la exaltación del excepcionalismo estadounidense y la criminalización de la inmigración, incluso en dos casos que tensionaron estos posicionamientos. Así, se concluye que su discurso se construyó de forma estratégica y adaptativa, ajustándose a cada situación comunicativa, lo que le permitió condenar la violencia armada sin contradecir las premisas del nacionalismo conservador.

Palabras clave: Donald Trump, violencia armada, análisis crítico del discurso.

Abstract: From the socio-cognitive approach of critical discourse analysis, this paper examined president Trump’s discourse on gun violence in the United States during his first term, with the aim of determining whether his pronouncements on mass shootings activated cognitive frames linked to conservative nationalism to guide their social interpretation. The methodology combined textual and contextual analysis, applied to official statements on mass shootings and his speeches at the Conservative Political Action Conference (CPAC). The findings indicate that his pronouncements sought to activate frames consistent with the defense of guns, the exaltation of American exceptionalism, and the criminalization of immigration, even in two cases that challenged these positions. It is concluded that his discourse was strategically and adaptively constructed, adjusting to each communicative situation, which allowed him to condemn gun violence without contradicting the core premises of conservative nationalism.

Keywords: Donald Trump, gun violence, critical discourse analysis.

 

En las últimas décadas, la violencia armada se ha consolidado como un tema prioritario en la agenda pública de Estados Unidos. Según The Lancet (2019), además de las voces que demandan reformas urgentes con el lema “¡Hagan algo!”, ha emergido una comprensión más compleja del fenómeno que supera la explicación centrada en individuos con trastornos mentales para considerar factores estructurales como el racismo y el sexismo, revelando el trasfondo cultural de esta forma de violencia. La existencia de una cultura de las armas en Estados Unidos se asocia a un entramado complejo de estructuras institucionales, imaginarios sociales y relatos históricos que legitiman la violencia para resolver conflictos, exaltan la libertad individual, promueven la desconfianza hacia el Estado y refuerzan jerarquías de raza, clase y género (Anisin, 2017; Giroux, 2017; Johnson, 2017). En este marco, las armas han llegado a convertirse para algunos sectores conservadores en un símbolo marcial que articula ideas de libertad, seguridad, blancura, masculinidad y soberanía personal (Harmon, 2022).

Desde el tiroteo en Columbine en 1999, la violencia armada en Estados Unidos se ha vinculado de manera creciente con los llamados tiroteos masivos (Wozniak, 2017), aunque no existe un consenso sobre qué significan exactamente. Mientras los medios tienden a enfatizar la raza del agresor y el número de víctimas —favoreciendo la cobertura de casos con autores no blancos o con cifras elevadas de muertos— (Schildkraut, Elsass y Meredith, 2017), el Federal Bureau of Investigation (FBI) los define estrictamente como eventos con cuatro o más personas asesinadas, sin considerar los heridos. En contraste, académicos como Blum y Jaworski (2022) proponen una definición más amplia que incluye también a los heridos, siempre que el ataque ocurra en un solo lugar y momento, excluyendo al tirador.

Pese a estas divergencias, el uso extendido de esta categoría ha propiciado el seguimiento sistemático de los eventos de violencia armada, especialmente desde el ámbito académico y de organizaciones no gubernamentales. Este monitoreo ha permitido dimensionar la magnitud del problema. Un ejemplo es el Gun Violence Archive, una base de datos independiente que recolecta y verifica incidentes de violencia armada a partir de fuentes oficiales, gubernamentales y periodísticas, adoptando la definición amplia de Blum y Jaworski. Según sus registros, entre el 20 de enero de 2017 y el 20 de enero de 2021, periodo correspondiente al primer mandato de Donald Trump, ocurrieron 1 714 tiroteos masivos, con un promedio de 0.97 muertes y 4.29 personas heridas por evento (gráfica 1).

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Para este trabajo, estas cifras son relevantes, ya que ilustran la magnitud de los tiroteos masivos en un gobierno que se caracterizó por su discurso nacionalista conservador (Renshon, 2020; Kiely, 2021). Esto es, un discurso en el que se articulaban la criminalización de la inmigración —vista como una invasión de indeseados peligrosos (Valcore, Rodgers y Asquith, 2021)—, la defensa de la Segunda Enmienda a la Constitución —que protege el derecho a poseer y portar armas, tenido como un principio fundacional de la nación (Whitehead, Schnabel y Perry, 2018)— y la exacerbación de un excepcionalismo estadounidense, fincado en el restablecimiento identitario del pueblo elegido; es decir, de la América blanca de buenos principios y valores (Reyes, 2023).

Aunque los tiroteos masivos obligaron a Donald Trump, un defensor del derecho a poseer y portar armas, a pronunciarse, en su calidad de presidente, sobre una violencia de carácter sistemático que tiene un origen doméstico, en tanto que es perpetrada mayoritariamente por ciudadanos estadounidenses contra ciudadanos estadounidenses, los estudios sobre su discurso presidencial se han centrado principalmente en el reforzamiento de representaciones negativas sobre los inmigrantes, concebidos como la otredad por su origen extranjero, a pesar de que los tiroteos masivos tensaron las premisas del discurso nacionalista conservador ya mencionadas. En efecto, diversos estudios sobre el discurso de Trump (Ross y Rivers, 2018; Hidalgo-Tenorio y Benítez-Castro, 2021; Reyes y Ross, 2021; Elnakkouzi, 2024; Venizelos, 2023) destacan el alcance de su retórica populista, provocadora y políticamente incorrecta para movilizar emociones ante el supuesto declive del poder estadounidense, las amenazas a la seguridad nacional, los complots políticos internos y las noticias falsas. Sin embargo, dejan de lado el análisis de su discurso sobre la violencia armada.

Siguiendo a Van Dijk (2009), autor identificado con el análisis crítico del discurso (ACD), esta tarea es especialmente relevante porque, al estar respaldado por su posición de autoridad, Trump estuvo en condiciones de activar y reforzar marcos cognitivos compartidos sobre la violencia armada, sus causas, sus perpetradores y las respuestas legítimas para hacerle frente, influyendo así en la manera en que diversos sectores de la sociedad interpretaban dichos eventos. Desde esta perspectiva, el discurso de los actores políticos se concibe como una práctica estratégicamente orientada a moldear la interpretación de los hechos, legitimar determinadas posiciones y silenciar o minimizar aspectos conflictivos de los problemas sociales, demarcando así las responsabilidades institucionales y las respuestas que se consideran legítimas o viables (Van Dijk, 2000; Chilton, 2023). En este orden de ideas, Van Dijk (2000) señala que el discurso, lejos de reducirse a sus estructuras léxicas, sintácticas o textuales, constituye una forma de interacción social atravesada por relaciones de poder que regulan quién puede hablar, sobre qué temas, de qué manera y con qué consecuencias, dentro de situaciones comunicativas específicas que condicionan la producción, circulación y recepción del significado.

Estas premisas guiaron el análisis del discurso del presidente Trump ante la violencia armada, con el objetivo de determinar si sus pronunciamientos frente a los tiroteos masivos buscaron activar marcos cognitivos vinculados al nacionalismo conservador para orientar su interpretación social. Para esto, se analizaron sus declaraciones oficiales sobre tiroteos masivos y sus intervenciones en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CAPC), considerando tanto la construcción textual como la contextual del discurso. Con base en los resultados obtenidos, sostengo que el discurso de Trump sobre la violencia armada en Estados Unidos se construyó de forma estratégica y adaptativa en torno a marcos cognitivos asociados al nacionalismo conservador, ajustándose a cada situación comunicativa. Esto le permitió condenar públicamente los tiroteos sin contradecir los principios centrales de su plataforma política (defensa de las armas, exaltación del excepcionalismo estadounidense y criminalización de la inmigración).

En las siguientes secciones se presentan la perspectiva sociocognitiva del análisis crítico del discurso y los posicionamientos del nacionalismo conservador respecto a las armas y la violencia armada en Estados Unidos, seguidas del apartado metodológico, los hallazgos y las conclusiones.

 

El enfoque sociocognitivo
en el análisis crítico del discurso

Este trabajo retoma el enfoque sociocognitivo propuesto por Van Dijk (2011), que parte del reconocimiento de que no existe un vínculo directo entre las estructuras sociales —como el poder, la dominación o la desigualdad— y las configuraciones discursivas, en tanto que dicha relación está mediada por la cognición social, a saber: el conjunto de conocimientos, creencias, actitudes y valores compartidos que organizan la producción de significados y la interpretación colectiva de la realidad dentro de un grupo social. La cognición social provee el marco más amplio de sentido desde el cual se generan modelos mentales; es decir, representaciones subjetivas de eventos específicos (Van Dijk, 2004). Estos modelos se construyen a partir de una síntesis dinámica de trayectorias individuales, pertenencias sociales, esquemas culturalmente compartidos y estructuras sociales que les permiten a los sujetos construir una versión situada y personal de lo que sucede y, con base en esto, evaluar su relevancia, formar opiniones o justificar acciones (Van Dijk, 2011 y 2012).

Este punto de partida ha llevado a Van Dijk a problematizar la noción de contexto, concebido como una instancia objetiva y extralingüística (Cárdenas, 2013), distinguiéndola precisamente del conjunto de factores que enmarcan las prácticas comunicativas, a los que el autor engloba bajo la categoría de situaciones de comunicación (Van Dijk, 2012). Frente a esto, el autor propone concebir el contexto como un constructo cognitivo mediante el cual los participantes de una interacción producen e interpretan, en tiempo real, la situación en la que se encuentran (Pardo, 2012). Los contextos son subjetivos, no porque se niegue la existencia de factores objetivos, sino porque éstos sólo adquieren relevancia comunicativa cuando resultan significativos según las representaciones mentales de los actores involucrados (Van Dijk, 2012). Lo mismo puede decirse de las categorías contextuales, a saber: el escenario, que delimita el tiempo y el espacio en que ocurre la interacción, así como los significados simbólicos que se le atribuyen; los participantes, con sus roles sociales, atributos identitarios y relaciones de poder; las acciones comunicativas que se ejecutan en el marco de la interacción, como nombrar, culpar, solidarizarse o distanciarse; y los conocimientos y creencias que circulan, se refuerzan o se disputan a través del discurso (Van Dijk, 2011 y 2012).

Al igual que los factores objetivos, estas categorías deben entenderse como dimensiones del contexto que también son cognitivamente activadas: su relevancia depende de cómo los actores las perciben, seleccionan y jerarquizan en función de sus intenciones, expectativas y marcos de interpretación (Van Dijk, 2012). Siguiendo a Van Dijk (2004), esto permite reconocer que los discursos de los actores políticos no se construyen en el vacío, sino que se apoyan en la cognición social existente para orientar su recepción. Para lograrlo, pueden recurrir a la legitimidad simbólica del emisor, a la disposición de los escenarios y a la articulación estratégica de temas que se conectan tanto con representaciones sociales compartidas como con la experiencia previa de los interlocutores para activar modelos mentales en situaciones comunicativas específicas. Por ejemplo, la idea de que los inmigrantes son una amenaza, en vez de que son económicamente importantes para el futuro del país (Van Dijk, 2004).

Estas premisas teóricas del enfoque sociocognitivo otorgaron sentido y orientación al objetivo central de este trabajo, al permitir la formulación de una pregunta analítica acerca de si los pronunciamientos de Donald Trump sobre los tiroteos masivos en Estados Unidos se articularon en torno a marcos cognitivos coherentes con su nacionalismo conservador para orientar su interpretación. En este tenor, el siguiente apartado presenta un abordaje del nacionalismo conservador y sus posicionamientos respecto a las armas y la violencia armada en Estados Unidos.

 

La visión del nacionalismo conservador sobre
las armas y la violencia armada en Estados Unidos

El conservadurismo en Estados Unidos se ha caracterizado por ser una corriente dinámica, determinada por las condiciones históricas, sociales y culturales propias de cada época (Aberbach, 2017). En este sentido, aunque la llegada de Trump a la presidencia supuso mantener la defensa de una agenda conservadora tradicional (Ashbee y Waddan, 2024), su gobierno también exacerbó las posiciones asociadas a un nacionalismo conservador que advertían sobre la decadencia de la América blanca como consecuencia de la inmigración masiva y la erosión de los valores culturales tradicionales que sustentan la identidad nacional (Kiely, 2021). En coherencia con esta perspectiva, el discurso de Trump exaltó los valores cristianos y la supuesta superioridad moral de la nación como pilares del excepcionalismo estadounidense (Dick, 2017; Gaddini, 2023), presentó a los inmigrantes como una amenaza directa a la seguridad interna (De Genova, 2020) y enarboló la defensa del derecho a poseer y portar armas (Whitehead, Schnabel y Perry, 2018).

Estas posiciones se hallaban en consonancia con las posturas y creencias compartidas por distintos sectores sociales, desde evangélicos conservadores hasta trabajadores afectados por la relocalización industrial, pasando por militantes de extrema derecha y defensores de la Segunda Enmienda (Schwartz, 2017; Kiely, 2021; Gaddini, 2023). En todos ellos confluía una percepción común de pérdida de estatus, identidad cultural, poder político y derechos adquiridos, muchas veces acompañada por una visión nostálgica de la nación como una comunidad cristiana, étnicamente homogénea, liberada del control del establishment político y erigida en torno a la libertad individual (Byrne, 2018; Stopfner, 2021; Lammers, 2023).

Al respecto, es revelador cómo la defensa de las armas se ha convertido históricamente en una suerte de último reducto para quienes se sienten amenazados y despojados por los cambios demográficos, las políticas afirmativas y las crecientes demandas de justicia racial en Estados Unidos (Yamane, 2022). En este imaginario, apunta Dawson (2019), para agrupaciones con una amplia base conservadora, como la Asociación Nacional del Rifle (National Rifle Association, NRA), armarse no sólo significa protegerse del mal, sino reivindicar los valores tradicionales, preservar la libertad individual y apostar por una restitución identitaria de carácter cristiano, convirtiendo la defensa de la Segunda Enmienda en una cruzada por el rescate moral de la nación. Así, para figuras clave de la Asociación Nacional del Rifle, como Charlton Heston y Wayne LaPierre, el derecho a portar armas ha sido concebido como un pacto divino entre Dios y el pueblo estadounidense desde su nacimiento (Dawson, 2019). En este marco, LaPierre se pronunciaba así ante el inminente inicio del primer mandato de Trump:

Ante el odio feroz y la condena elitista, éste es nuestro momento histórico para pasar a la ofensiva y derrotar de una vez por todas a las fuerzas que se han aliado contra nuestra libertad. El derecho individual a portar armas de fuego en defensa de nuestras vidas y nuestras familias no termina, ni debe terminar, en ninguna frontera estatal. Exhorto al Congreso y al presidente electo a aprobar la reciprocidad nacional del derecho a la portación lo antes posible. Y es hora, de una vez por todas, de acabar con la falacia absoluta de las zonas libres de armas (LaPierre, 2016).

Siguiendo a Gorski (2023), estas posturas se inscriben en una teología política en la que convergen el nacionalismo cristiano y la noción de Estados Unidos como una nación excepcional elegida por Dios para cumplir un destino providencial. Portar armas es tanto un deber cívico como una responsabilidad sagrada, pues el ciudadano armado asume el papel de último guardián del orden moral ahí donde el Estado ha fracasado en su misión de contener el mal, entendido como una fuerza omnipresente que puede encarnarse en criminales, leyes restrictivas o gobiernos tiránicos (Dawson, 2019). Esta visión interpreta la violencia armada no como resultado de la disponibilidad de armas, sino como consecuencia de la pérdida de valores cristianos (Whitehead, Schnabel y Perry, 2018), o de que las armas estén en manos equivocadas, como personas con enfermedades mentales o minorías (The Lancet, 2019; Carlson, 2017).

Estas ideas coincidieron con el discurso nacionalista conservador de Trump, quien, mediante un lenguaje polarizador y emocional (Hidalgo-Tenorio y Benítez-Castro, 2021), imbuido de racismo, xenofobia y militarismo (Giroux, 2017), defendió el derecho a portar armas para un “pueblo” idealizado —blanco, cristiano y tradicionalista— frente a sus enemigos internos y externos: los demócratas y la inmigración indocumentada (Biegon, 2019; Posner, 2021). A este respecto, De Genova (2020) advierte que el nativismo racial violento de algunos seguidores de Trump —que proponía reemplazar la nación cívica por una definida por la homogeneidad blanca— fue reforzado por la violencia racial institucionalizada, visible tanto en los discursos oficiales como en políticas como la separación de familias migrantes. Esta sinergia, sostiene el autor, tuvo consecuencias concretas, como el tiroteo de El Paso, Texas, donde un joven blanco asesinó a 22 personas con el propósito declarado de “matar a tantos mexicanos como fuera posible”. Minutos antes había publicado un manifiesto en el que justificaba el ataque como defensa ante la “invasión hispana” de Texas.

Desde el análisis crítico del discurso, estos antecedentes son clave, pues conforman el marco cognitivo dentro del cual se inscribió el discurso de Trump sobre los tiroteos masivos. El discurso, señala Van Dijk (2009), se inscribe dentro de una práctica de poder que busca tener un efecto en la construcción de la realidad al apelar los emisores a aquellos marcos cognitivos que comparte un grupo social en términos de sus “objetivos, intereses y valores básicos” para movilizarlos en favor de una intencionalidad (Van Dijk, 1993: 258).

 

Metodología

Selección de declaraciones oficiales de estudio

Para identificar los eventos de tiroteos masivos en los que el presidente Trump se pronunció oficialmente de manera particular, se hizo una revisión sistemática del archivo en línea de la Casa Blanca que reúne las declaraciones y sesiones informativas oficiales presidenciales (The White House Archives) entre el 20 de enero de 2017 y el 20 de enero de 2021. Esta revisión arrojó que el mandatario se pronunció únicamente en ocho eventos de tiroteos masivos (tabla 1).

Sobre estos eventos, el mandatario pronunció siete declaraciones (la última sobre dos tiroteos masivos juntos) (The White House Archives),1 que agrupé como conjunto A:

  1. Statement by President Trump on the Shooting in Virginia, 14/06/2017.
  2. Statement by President Trump on the Shooting in Las Vegas, Nevada, 02/10/2017.
  3. Statement by President Donald J. Trump Regarding the Attack in Sutherland Springs, Texas, 05/11/2017.
  4. Statement by President Trump on the Shooting in Parkland, Florida, 15/02/2018.
  5. Presidential Proclamation Honoring the Victims of the Tragedy in Santa Fe, Texas, 18/05/2018.
  6. Presidential Proclamation Honoring the Victims of the Tragedy in Annapolis, Maryland, 18/05/2018.
  7. Remarks by President Trump on the Mass Shootings in Texas and Ohio, 05/08/2019.

Posteriormente, se seleccionaron del mismo archivo en línea de la Casa Blanca tres de las cuatro declaraciones que dio Trump en la Conferencia de Acción Política Conservadora durante su mandato (The White House Archives). Esta selección la hice considerando que el mandatario tuvo que pronunciarse antes de cada una de estas tres intervenciones al menos una vez sobre los eventos de tiroteos masivos ocurridos durante el año previo. Así, el conjunto B se compuso por:

  1. Remarks by President Trump at the Conservative Political Action Conference, 23/02/2018.
  2. Remarks by President Trump at the 2019 Conservative Political Action Conference, 03/03/2019.
  3. Remarks by President Trump at the 2020 Conservative Political Action Conference, 01/03/2020.
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Estrategia metodológica

La activación estratégica de marcos cognitivos vinculados al nacionalismo conservador ante hechos de violencia armada se determinó mediante la aplicación de dos niveles de análisis en ambos conjuntos, considerando, a saber: un análisis textual y otro contextual. Estos análisis se estructuraron de la siguiente manera:

  • Análisis textual: Se sistematizó la frecuencia y el tipo de menciones hechas por el presidente Trump respecto a:
    • Tiroteos.
    • Autores.
    • Víctimas.
    • Elementos de cohesión social invocados.
    • Reconocimiento de los tiroteos como problema social.
    • Inmigración como amenaza.
    • Defensa del derecho a poseer y portar armas.
    • Exaltación del excepcionalismo estadounidense.
  • Análisis contextual: Se examinaron las siguientes categorías y sus criterios como condiciones de producción discursiva:
    • Escenario: espacio y temporalidad del discurso, incluyendo los significados simbólicos del lugar.
    • Participantes: identificación de los interlocutores explícitos e implícitos.
    • Acciones comunicativas: actos discursivos, como culpar, justificar, nombrar al enemigo, solidarizarse, minimizar, polarizar o invocar autoridad moral.
    • Conocimientos y creencias: representaciones sociales compartidas o disputadas.

Cabe señalar que el análisis de la categoría conocimientos y creencias se realizó de forma integrada, con base en los resultados obtenidos en las otras categorías, analizadas por separado en cada situación comunicativa.

Focalización del análisis contextual

Después de aplicar el análisis textual a los diez discursos seleccionados, se advirtieron estructuras discursivas relativamente homogéneas en ambos conjuntos, marcadas por su coherencia con los marcos cognitivos del nacionalismo conservador respecto al excepcionalismo estadounidense, las armas y la inmigración, sin registrar variaciones significativas.

No obstante, se identificaron dos situaciones de comunicación particularmente relevantes que ofrecieron, por su estructura discursiva, variaciones o tensiones en relación con los patrones generales. Debido a esto, opté por centrar el análisis contextual exclusivamente en estas situaciones, en tanto que representaban casos que permitían examinar con mayor profundidad cómo se adaptaron o tensaron los marcos cognitivos del nacionalismo conservador según la situación comunicativa. Esta decisión metodológica, tomada con posterioridad al análisis textual, se justifica en términos de pertinencia analítica y se alinea con los principios sugeridos por Van Dijk (2009), quien ha sido enfático en señalar que el análisis crítico del discurso, más que limitarse a seguir una serie de pasos preestablecidos, implica poner por delante los fenómenos sociales que interesa analizar en cada situación, y en función de esto establecer las categorías y los aspectos del discurso en que se centrará el análisis.

 

Resultados

Análisis textual
Las frecuencias

El análisis de frecuencias de los conjuntos A y B reveló que las declaraciones seleccionadas de Donald Trump buscaron mantener estructuras discursivas homogéneas en cada uno, coherentes con la búsqueda del mandatario por activar marcos cognitivos coherentes con los posicionamientos de su discurso nacionalista conservador.

Como puede apreciarse en las gráficas 2 y 3, se presentó una disparidad en las menciones hechas por Trump en cada una de las ocho categorías en que se segmentó su discurso. Así, en el conjunto A, las categorías de víctimas y tiroteos fueron las únicas que contaron con menciones en las siete declaraciones analizadas, siempre con una mayor frecuencia de la primera. Por el contrario, las categorías con la menor cantidad fueron las de inmigración como amenaza y defensa a poseer y portar armas, que aparecieron sólo en la declaración 7 con una y dos alusiones, respectivamente. Por lo demás, la declaración 7 fue la única en que hubo menciones en cada una de las ocho categorías, donde es significativo el número de menciones a los tiroteos como problema social, con diez en total, debido a que se trató de una categoría que no contó con menciones en la mayoría de las declaraciones de este conjunto.

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En sentido inverso, el análisis de las tres declaraciones del conjunto B arrojó que las únicas categorías que tuvieron menciones en todas fueron inmigración como amenaza y excepcionalismo estadounidense. Ambas categorías presentaron sus números más altos en las declaraciones 2 y 3, donde prácticamente fueron las únicas, salvo por una mención a la defensa a poseer y portar armas en la declaración 2. En esta segunda unidad de análisis, también hubo una excepción: la declaración 1, donde la frecuencia de menciones a la inmigración como amenaza y al excepcionalismo estadounidense disminuyó, a la par que crecieron las menciones en las otras seis categorías, en particular en las de víctimas, defensa a poseer y portar armas, autores y tiroteos como problema social.

 
El tipo de menciones

En el plano cualitativo, las estructuras identificadas en la sección anterior se expresaron en términos morales, en el sentido de una lucha entre el bien y el mal. En el conjunto A se caracterizó a los tiroteos como “actos del mal”, “horrible crimen”, “maldad”, “fuerzas del odio y del mal”, “oscuridad”, “asesinato sin sentido”, al tiempo que se presentó a los autores de manera genérica y aislada, como “un tirador”, “un hombre armado” o “un pistolero”. En cuanto a las víctimas, se les mencionó de diversas maneras específicas; no sólo como “las víctimas y los heridos”, sino también como “las almas de las vidas que se han perdido”, “sus familias”, “estudiantes”, “niños inocentes”, “miembros de la comunidad”, “cada familia que ha perdido”, “los caídos”, “sus seres queridos”, “padres”, “hijos”, etcétera.

Por su parte, los llamados a la cohesión social en el conjunto A apelaron a la unidad de los estadounidenses frente al impacto emocional de los tiroteos, con referencias como “estamos unidos como una sola familia”, “para enjugar las lágrimas”, “en la tristeza, la conmoción y el dolor”, “para pedirle a Dios”, “con un solo corazón apesadumbrado”, “invocamos los lazos que nos unen”, etc. En este mismo tenor, las alusiones al excepcionalismo estadounidense, aunque menores, se hicieron en términos de destacar que “todos podemos estar de acuerdo en que somos bendecidos por ser estadounidenses”, “es nuestro amor lo que nos define”, “los lazos que nos sostienen son los de la familia, la fe, la comunidad y el país”. El reconocimiento de los tiroteos como problema social apenas fue mencionado, con sólo dos referencias en el sentido de “crear una cultura en nuestro país que abrace la dignidad de la vida”, junto con la necesidad de “abordar el difícil problema de la salud mental”. Las categorías de la inmigración como amenaza y la defensa a poseer y portar armas fueron inexistentes.

En cuanto al conjunto B, el tipo de menciones estuvo prácticamente orientado a presentar a la inmigración como amenaza, donde abundaron las referencias del tipo “cárteles letales”, “gente muy mala”, “drogas que matan a miles y miles de nuestros ciudadanos”, “los inmigrantes ilegales son encarcelados a una tasa tres veces mayor”, “coyotes, contrabandistas y traficantes de personas crueles”, “asesinos a sangre fría”, “con grandes y largos antecedentes penales”, etc. A la par, fueron frecuentes las alusiones al excepcionalismo estadounidense en términos de “Estados Unidos nunca será un país socialista”, “creemos en el sueño americano, no en la pesadilla socialista”, “esta magnífica nación siempre será el hogar de quienes aprecian la vida, aman la libertad y defienden los derechos sagrados”, “Estados Unidos es la nación más grande que jamás haya existido”, “los Estados Unidos de América siempre marcharán hacia la victoria”, etcétera.

 
Las dos excepciones

Como se señaló, las declaraciones 7 del conjunto A (en adelante 7A) y 1 del conjunto B (en adelante 1B) se distanciaron de las estructuras discursivas dominantes en ambos conjuntos. Ciertamente, aunque en la declaración 7A también abundaban las menciones a los tiroteos como “ataques malvados”, “matanzas bárbaras”, “contagio maligno” o “estas atrocidades”, fue la única en donde hubo un reconocimiento explícito de los tiroteos como “crímenes de odio” o actos de “terrorismo interno”. De la misma forma, tanto la declaración 7A como la 1B se alejaron de la tendencia general presente en cada uno de sus conjuntos a describir a los autores de manera genérica al retratarlos como “un monstruo retorcido”, “mentes perturbadas”, “monstruos con enfermedades mentales”, “una persona enferma, muy enferma”, “este loco”, “los enfermos mentales” o “un maniaco”.

Otra de las categorías en donde se hicieron patentes las diferencias entre las declaraciones 7A y 1B, por un lado, y sus conjuntos, por otro, fue la del reconocimiento de los tiroteos como problema social. En efecto, la declaración 7A compartía la premisa planteada ya en otras declaraciones sobre la necesidad de “construir una cultura que celebre el valor y la dignidad inherentes de cada vida humana”, al tiempo que llamaba a “reformar nuestras leyes de salud mental para identificar mejor a las personas con trastornos mentales que pueden cometer actos de violencia”. Sin embargo, la declaración 7A iba más allá al condenar no sólo “el racismo, la intolerancia y la supremacía blanca”, sino también al reconocer que “en las dos décadas transcurridas desde Columbine, nuestra nación ha observado con creciente horror y pavor cómo un tiroteo masivo se sucedía a otro, una y otra vez, década tras década”. Incluso al señalar la necesidad de “detener la glorificación de la violencia en nuestra sociedad”. En esta misma línea, el presidente Trump señalaba, ahora en la declaración 1B: “He estado viendo cómo suceden estas cosas durante veinte años”, a lo que sumaba otro llamado a “crear una cultura en nuestro país que valore la vida y la dignidad humana. Una cultura que condene la violencia y nunca la glorifique”.

 
Insistir en el nacionalismo conservador, pese a todo

¿Significa lo ya expuesto que los cambios introducidos en las declaraciones 7A y 1B terminaron por minar la coherencia con las premisas del discurso nacionalista conservador del presidente Trump? Parcialmente, ya que a la vez que se hacían estas alusiones a los tiroteos masivos como problema social se procuraba mantener las posiciones en torno a la posesión y el uso de armas, presentar la inmigración como un riesgo inminente y exaltar el excepcionalismo estadounidense.

Al respecto, en la declaración 7A afirmaba, en la categoría de defensa a poseer y portar armas: “la enfermedad mental y el odio aprietan el gatillo, no el arma”. En consonancia con esta narrativa, se planteaba que “debemos reconocer que internet ha proporcionado una vía peligrosa para radicali-
zar las mentes perturbadas”, sólo para colocar de manera implícita la idea de la inmigración como amenaza, al agregar: “internet también se utiliza para el tráfico de personas, la distribución ilegal de drogas y muchos otros delitos atroces”. Finalmente, remarcaba el excepcionalismo estadounidense: “Somos una nación amorosa y nuestros hijos tienen derecho a crecer en una sociedad justa, pacífica y amorosa”, haciendo patente que “Estados Unidos estará a la altura del desafío, siempre lo hemos hecho y siempre ganaremos”.

La posición de Trump en torno a la defensa a poseer y portar armas iba todavía más lejos en la declaración 1B, al plantear: “cuando declaramos que nuestras escuelas son zonas libres de armas, simplemente ponemos a nuestros estudiantes en mucho más peligro”. Así, la solución a los tiroteos masivos en espacios escolares pasaba por armar al personal escolar como estrategia disuasoria, dado que “de tu población docente, tienes un 10 por ciento, un 20 por ciento, de personas muy adeptas a las armas”. Por lo que “es hora de hacer que nuestras escuelas sean un objetivo mucho más difícil para los atacantes”. Y es que “si este tipo [el tirador] pensara que otras personas le dispararían, no habría ido a esa escuela”. En todo caso, “un maestro le habría disparado antes de que supiera lo que pasó”.

En cuanto a la inmigración como amenaza, en la misma declaración 1B abundaban las referencias a que había que “detener la entrada a nuestro país de drogas peligrosas y criminales”, porque “estamos dejando entrar a la gente y eso va a traer muchos problemas”, dado que “no nos están dando a su mejor gente”. Y es que “hemos ayudado a acusar o arrestar a más de 4 000 miembros de la pandilla salvaje de la que hablamos: la ms-13”. Esta declaración cerraba ensalzando el excepcionalismo estadounidense, al afirmar que “en Estados Unidos no adoramos al gobierno, adoramos a Dios”, “el lema de nuestra nación es: en Dios confiamos”, “la fe y la familia, no el gobierno y la burocracia, están en el centro de la vida estadounidense”.

 

Análisis contextual

Comentarios del presidente Trump sobre los tiroteos masivos en Texas y Ohio, 5 de agosto de 2019
Escenario

Este pronunciamiento fue realizado desde el Diplomatic Reception Room de la Casa Blanca, en una declaración televisada dirigida a la nación, pocos días después de los tiroteos masivos en El Paso, Texas, y Dayton, Ohio. En el primero, un joven blanco había disparado contra personas de origen mexicano afuera de un centro comercial, guiado por la ideología del supremacismo blanco. Menos de 24 horas después de este evento se había presentado otro tiroteo masivo en un centro nocturno en el estado de Ohio. Estos tiroteos dieron lugar a la organización de vigilias locales y la expresión de frustración y agotamiento en redes sociales, haciendo patente una creciente sensación de vulnerabilidad social, pero también una exigencia por la regulación de las armas y por que el mandatario se pronunciara contra el racismo y el supremacismo blanco. El significado simbólico del lugar le imprimió al discurso de Trump un tono institucional y solemne. Del mismo modo, la temporalidad inmediata de los tiroteos demarcó un discurso vinculado con la empatía, el liderazgo presidencial y la expectativa de una respuesta institucional frente a la violencia armada.

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Participantes

El mensaje estuvo dirigido abiertamente a una audiencia tanto nacional como internacional, en particular a los familiares de las víctimas, a los ciudadanos estadounidenses y mexicanos, así como a los gobiernos a ambos lados de la frontera. En este tenor, se le extendieron condolencias a los gobernadores y alcaldes de Texas y Ohio, al igual que al presidente de México, por la nacionalidad de algunas víctimas. Además del presidente Trump, a cuadro apareció el vicepresidente Mike Pence, una figura reconocida por su amplia trayectoria política de índole conservadora, quien fue dejado fuera de la toma una vez que Trump inició su discurso. Frente a ellos se encontraban periodistas acreditados, cuyas preguntas no fueron atendidas después de finalizar la intervención. Cabe señalar que el discurso también tuvo otros interlocutores, aunque implícitos, entre otros las bases sociales de Trump que reivindicaban el supremacismo blanco, los grupos movilizados que demandaban condenarlo, así como medios digitales y adversarios políticos demócratas, a quienes se señaló indirectamente por promover en internet y redes sociales la “radicalización” y por su “destructivo partidismo” que impide avanzar en soluciones efectivas.

Acciones comunicativas

Solidarizarse: Expresó dolor y duelo a título personal e institucional, buscando mostrar cercanía con las víctimas y sus familias, al tiempo que conceptualizó a los tiroteos como heridas mantenidas por las divisiones [políticas]:

  • “La primera dama y yo nos unimos a todos los estadounidenses en la oración y el duelo”.

  • “Juntos, unimos nuestros brazos para soportar el dolor, pedimos a Dios en el Cielo que alivie la angustia”.

  • “Las heridas abiertas no pueden sanar si estamos divididos”.

Nombrar al enemigo: Calificó a los autores de los tiroteos como una manifestación del mal, despersonalizando sus motivaciones ideológicas y ubicándolos como seres patológicos que actuaron en solitario:

  • “Un hombre malvado fue a una tienda Walmart, donde las familias estaban comprando con sus seres queridos”.
  • “Otro monstruo retorcido abrió fuego en una concurrida calle del centro”.
  • “Estamos indignados y asqueados por este monstruoso mal, la crueldad, el odio, la malicia, el derramamiento de sangre y el terror”.

Minimizar causas estructurales: Intentó desplazar las causas de los tiroteos hacia factores como el internet o las enfermedades mentales. Sin embargo, reconoció el odio y el supremacismo blanco como uno de sus motores, sin que eso implicara admitir el papel de su discurso nacionalista conservador:

  • “La enfermedad mental y el odio aprietan el gatillo, no el arma”.
  • “Los peligros de internet y las redes sociales no se pueden ignorar, y no se ignorarán”.
  • “El tirador de El Paso publicó un manifiesto en línea consumido por el odio racista”.
  • “En una sola voz, nuestra nación debe condenar el racismo, la intolerancia y la supremacía blanca. Estas ideologías siniestras deben ser derrotadas”.

Demarcar las respuestas institucionales: Una vez señaladas las causas que, según él, explican los tiroteos masivos, sugirió medidas para contenerlas. Entre otras, la posibilidad de regular el acceso a las armas para personas con enfermedades mentales o con antecedentes delictivos, incluso la pena de muerte para quienes cometen crímenes de odio o tiroteos, sin que esto implicara necesariamente que se materializaran.

  • “Debemos detener la glorificación de la violencia en nuestra sociedad. Esto incluye los videojuegos espantosos y horripilantes que ahora son comunes”.
  • “Debemos arrojar luz sobre los recovecos oscuros de internet y detener los asesinatos en masa antes de que comiencen”.
  • “Debemos reformar nuestras leyes de salud mental para identificar mejor a las personas con trastornos mentales”.
  • “Debemos asegurarnos de que quienes se considere que representan un riesgo grave para la seguridad pública no tengan acceso a armas de fuego”.
  • “Estoy ordenando al Departamento de Justicia que proponga una legislación que garantice que quienes cometan crímenes de odio y asesinatos en masa se enfrenten a la pena de muerte”.

Invocar la fortaleza moral de la nación: Caracterizó a la nación en términos positivos, dando a entender que los tiroteos masivos son episodios de violencia aislados. Sin embargo, reconoció su carácter recurrente, al menos en las últimas décadas, vinculados a una cultura de la violencia:

  • “Somos una nación amorosa y nuestros hijos tienen derecho a crecer en una sociedad justa, pacífica y amorosa”.
  • “Mis compatriotas estadounidenses, esta mañana nuestra nación esta sobrecogida por la conmoción, el horror y el dolor”.
  • “Nuestra nación ha observado con creciente horror y pavor cómo un tiroteo masivo se sucedía a otro, una y otra vez, década tras década”.
  • “Hoy en día es demasiado fácil para los jóvenes con problemas rodearse de una cultura que celebra la violencia”.
  • “El cambio cultural es difícil, pero cada uno de nosotros puede elegir construir una cultura que celebre el valor y la dignidad inherentes de cada vida humana”.
 
Declaraciones del presidente Trump en la Conferencia de Acción Política Conservadora, 23 de febrero de 2018
Escenario

Esta intervención se dio en el Gaylord National Resort and Convention Center, en Maryland. Cabe señalar que la Conferencia de Acción Política Conservadora anual ha marcado la pauta del movimiento conservador en Estados Unidos desde 1974, al reunir a los líderes republicanos del momento, activistas y simpatizantes, para difundir y reforzar posturas políticas conservadoras (Lee, 2017). En este sentido, la Conferencia de Acción Política Conservadora suele ser un evento de carácter partidario, con un tono festivo, celebrado en grandes auditorios, en donde los líderes políticos se dirigen a las bases sociales de ideología conservadora. Hay que mencionar que la participación de Trump en estos eventos se remonta al periodo de su primera campaña presidencial. Desde entonces, la Conferencia de Acción Política Conservadora ha fungido como una plataforma para esgrimir su discurso nacionalista conservador, patente en la popularización de su eslogan de volver a hacer a Estados Unidos grande (Cole, 2024).

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A pesar de estos antecedentes, la participación de Trump en la CAPC del 2018 se vio enmarcada por el reciente tiroteo en Parkland, Florida. El autor del tiroteo era un joven blanco que había disparado contra estudiantes y profesores en la que fuera su escuela secundaria, con un saldo de varias personas asesinadas y heridas. Esta coyuntura simbólicamente cargada llevó a Trump a tener que pronunciarse sobre la violencia armada, atendiendo un doble imperativo: mandar un mensaje como autoridad ante estos hechos y, al mismo tiempo, mantener la defensa de las armas frente a una audiencia alineada con la defensa de la Segunda Enmienda, situación de comunicación particularmente compleja, ya que, como se vio en el análisis textual de la sección anterior, hablar sobre tiroteos masivos en una Conferencia de Acción Política Conservadora es algo muy poco común.

Participantes

El presidente Trump se dirigió explícitamente a una audiencia conformada por representantes del ala más conservadora del Partido Republicano. El auditorio estuvo conformado por miembros de la American Conservative Union, anfitriona del evento, así como por militantes, estudiantes, legisladores republicanos, líderes del movimiento conservador cristiano evangélico, los denominados think tanks conservadores, representantes de organizaciones como la National Rifle Association y Turning Point usa, al igual que comunicadores y periodistas de medios afines, como Fox News y Breitbart (Cole, 2024). La composición ideológica relativamente homogénea de la audiencia le imprimió al discurso de Trump un tono de celebración y combate, al ser recibido con entusiasmo, vítores y constantes interrupciones por los aplausos de los asistentes.

Este discurso también tuvo varios interlocutores implícitos, a quienes se dirigió mediante apelaciones morales y posturas polarizadoras. Así, lo mismo se refirió a los sectores blancos, religiosos, rurales y obreros, como el núcleo moral de la nación olvidado por las élites, que a medios de comunicación opositores y adversarios políticos como promotores de fake news y “enemigos del pueblo”. Esto al acusarlos de proteger criminales y conspirar contra la libertad y el derecho a portar armas. Por otro lado, Trump hizo mención a las víctimas de la violencia armada y sus familias, aunque de forma breve, demarcando la necesidad de que la nación mostrara fuerza y coraje frente a los tiroteos.

Acciones comunicativas

Culpar: Atribuyó la violencia armada a personas enfermas, a fallas individuales y al sistema escolar, que impide a su personal docente estar armado. Sin embargo, reconoció la existencia una cultura de la violencia en la sociedad estadounidense:

  • “Se trataba de una persona enferma, muy enferma, y habíamos recibido muchas advertencias sobre su enfermedad. No fue una sorpresa. Para la gente que lo conocía, no lo fue ni un poco; de hecho, algunos dijeron que les sorprendió que tardara tanto”.
  • “Mira, tenías un guardia. No resultó ser demasiado bueno, te lo aseguro. Resultó no ser bueno. No era un orgullo para la policía; eso te lo puedo asegurar”.
  • “Cuando declaramos que nuestras escuelas son zonas libres de armas, simplemente ponemos a nuestros estudiantes en mucho más peligro”.
  • “También necesitamos crear una cultura en nuestro país que valore la vida y la dignidad humana. Eso es parte de lo que estamos hablando. Una cultura que condene la violencia y nunca la glorifique”.

Nombrar al enemigo: Construyó una otredad negativa en torno a los inmigrantes, los demócratas y los medios de comunicación, ya sea como fuerzas externas desestabilizadoras, amenazas a la seguridad o manipuladores de la verdad, evitando pronunciarse sobre el carácter sistemático de la violencia armada:

  • “Y no puedo lograr que los demócratas, y nadie ha podido hacerlo durante años, aprueben medidas de sentido común que, cuando atrapamos a estos asesinos de animales, podamos encerrarlos y tirar las llaves”.
  • “Hablan de las personas que, con razón, fueron asesinadas. Pero no hablan de las personas cuyas vidas simplemente cambiaron, simplemente cambiaron. No hablan de eso. Este tipo llegó a través de una migración en cadena y una parte del sistema de lotería”.
  • “Tenemos unos medios de comunicación muy, muy corruptos”.

Afirmar su liderazgo: Se presentó a sí mismo como el líder que le había devuelto la esperanza a una nación olvidada por las élites políticas, posicionándose como el motor de la restauración de la grandeza nacional.

  • “Año tras año, los líderes han subido a este escenario para hablar sobre lo que podemos hacer juntos para proteger nuestro patrimonio, promover nuestra cultura y defender nuestra libertad”.
  • “Así que, bajo mi administración, y con su ayuda, no lo olviden, ustedes, muchos de ustedes, fueron las personas olvidadas. Ustedes fueron las personas que, cuando salieron las encuestas, no sabían que existían. Los demócratas están tratando de averiguar quiénes son ustedes, porque quieren recuperarlos”.
  • “No hay nadie que ame la Segunda Enmienda más que yo”.
  • “Y les diré en los términos más enérgicos que vamos a hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande y que nunca, nunca, nunca los defraudaré”.

Exaltar la identidad nacional conservadora: Recurrió constantemente a una retórica afirmativa sobre Estados Unidos como una nación excepcional, cuya grandeza radica en su Constitución, su fe en Dios y la familia; no en el poder político:

  • “Estamos reconstruyendo nuestra nación. Y estamos restaurando nuestra confianza y nuestro orgullo”.
  • “Todos los que estamos aquí hoy estamos unidos por los mismos valores eternos. Defendemos nuestra Constitución y creemos en la sabiduría de nuestros fundadores. Nuestra Constitución es grandiosa”.
  • “El lema de nuestra nación es: En Dios confiamos”.
  • “Sabemos que la fe y la familia, no el gobierno y la burocracia, están en el centro de la vida estadounidense. Lo sabemos. Porque en Estados Unidos no adoramos al gobierno, adoramos a Dios”.
Conocimientos y creencias

De conformidad con el análisis contextual hasta aquí realizado, las representaciones sociales sobre la violencia armada vinculadas al nacionalismo conservador que el presidente Trump buscó activar fueron:

  • “La violencia armada es, ante todo, el resultado de una enfermedad individual”. Para esto, se buscó activar un modelo mental en función del cual los tiroteos se interpretan como actos del mal cometidos por sujetos aislados, identificados como “monstruos” o “mentes perturbadas”. Este modelo descansaba en un entramado cognitivo más amplio compartido entre sus bases sociales a partir del cual la violencia armada es resultado del hecho de que las armas han caído en las manos equivocadas, más que de su fácil disponibilidad o incluso de una cultura de la violencia socialmente arraigada.
  • “El papel del Estado es ser un agente reactivo frente a la violencia armada”. Esta representación se alimentó de la idea de que el gobierno debe limitarse a fortalecer mecanismos de vigilancia, detección y castigo. Lo que reafirmaba la creencia socialmente compartida en los sectores conservadores de que el derecho a portar armas forma parte del pacto fundacional del pueblo estadounidense, por lo que el Estado no debe intervenir en su regulación, aun cuando lo haga en nombre de transformar las condiciones que propician la violencia armada.
  • “La unidad nacional como respuesta social a la tragedia”. Ante la violencia, que es interpretada como una manifestación concreta del mal, la sociedad debe mostrarse unida en el dolor, apelando a la oración, el luto común y la solidaridad con las víctimas. Esta idea se alimentaba de una cognición social en torno a la excepcionalidad de la nación estadounidense, como una nación moralmente superior, que siempre puede levantarse de las tragedias en tanto se mantenga unida en sus valores y creencias respecto a su fe en Dios, la centralidad de la familia tradicional y la libertad del individuo frente al Estado.
  • “El inmigrante como amenaza”. Esta construcción buscó activar un modelo mental de los inmigrantes, en especial de los de origen latinoamericano, como criminales que ingresan al país mediante mecanismos ilegítimos, poniendo en riesgo la seguridad, los empleos y la misma identidad cultural de los estadounidenses. Para esto, se apeló a un marco cognitivo más amplio basado en estereotipos raciales y culturales, presentando a la nación estadounidense como bondadosa, cultural y étnicamente unida, y a los inmigrantes como la expresión de un mal de origen externo.

 

Conclusiones

Hasta aquí se ha dicho que la violencia armada tiene un carácter sistemático en Estados Unidos, como lo demuestran las estadísticas sobre tiroteos masivos recuperadas del Gun Violence Archive. También se ha señalado que la interpretación de esta violencia, por ejemplo, sus causas o soluciones, está mediada por los marcos cognitivos que los sujetos activan en una síntesis dinámica de sus experiencias individuales y las creencias socialmente compartidas, de conformidad con el enfoque sociocognitivo planteado por Van Dijk. Así, estamos en condiciones de decir que no hay un vínculo directo entre los hechos objetivos y la manera en que son comprendidos individual y socialmente. Esta constatación fue importante para el abordaje del discurso del presidente Trump, el cual se articuló en torno a posicionamientos socialmente compartidos sobre la grandeza de la nación, la inmigración y las armas, identificados con un nacionalismo conservador.

Estos posicionamientos fueron desarrollados en este trabajo como el marco cognitivo en el que se inscribieron las interpretaciones, justificaciones y orientaciones discursivas del presidente Trump sobre la violencia armada en Estados Unidos. Los discursos políticos, nos recuerda Van Dijk, no surgen de forma aislada, sino que se construyen a partir de conocimientos compartidos en la sociedad. Por lo que, para influir en su audiencia, los emi-
sores apelan a su legitimidad simbólica, a la construcción del contexto y a una selección estratégica de temas que conectan con experiencias previas y modelos mentales específicos, con el objetivo de activar representaciones sociales comunes. De conformidad con lo anterior, este trabajo buscó determinar si los pronunciamientos de Donald Trump sobre los tiroteos masivos en Estados Unidos se articularon en torno a marcos cognitivos subyacentes; en particular, los asociados al nacionalismo conservador, para orientar la interpretación de la violencia armada.

Los análisis textual y contextual realizados arrojaron que sus pronunciamientos frente a los tiroteos masivos ocurridos durante su primer mandato apuntaron a reforzar marcos cognitivos coherentes con los posicionamientos nacionalistas conservadores, salvo en dos casos específicos que evidenciaron tensiones discursivas respecto a estas posturas. En efecto, en términos generales, tanto sus declaraciones oficiales sobre tiroteos masivos específicos como sus intervenciones anuales en la Conferencia de Acción Política Conservadora privilegiaron un abordaje individualizante de la violencia armada, interpretada como una manifestación del mal, y desligada de otros factores, como la fácil disponibilidad de armas, la cultura de la violencia o su mismo discurso político, que poraliza las posiciones respecto a los inmigrantes indocumentados. Esto implicaba fincar la respuesta a los tiroteos en la capacidad de la sociedad de mantenerse unida a partir del reservorio moral de sus valores compartidos, y también en el uso de las mismas armas para que la sociedad estuviera en condiciones de defenderse ahí donde fallaba el Estado. En este tenor, el reconocimiento de los tiroteos masivos como un problema extendido socialmente y la consecuente necesidad de regular el acceso a las armas resultaban fuera de lugar, en tanto que se buscaba hacerlos pasar como hechos aislados llevados a cabo por individuos malvados o enfermos.

Como se ha señalado, tanto la declaración de Trump sobre los tiroteos en Texas y Ohio como su intervención en la Conferencia de Acción Política Conservadora 2018 evidenciaron algunas tensiones en relación con las estructuras discursivas dominantes en su conjunto y, por lo tanto, en su intención de orientar la interpretación de la violencia armada en coherencia con la idea del excepcionalismo estadounidense —como una nación moralmente superior fundada sobre los valores cristianos y la defensa de la libertad individual frente al Estado—, la defensa a poseer y portar armas y la presentación de los inmigrantes como una amenaza a la seguridad interna.

Ciertamente, en la primera declaración se reconoció el carácter sistemático de los tiroteos masivos, incluyendo una condena explícita al supremacismo blanco y un llamado a abandonar la cultura de la violencia en Estados Unidos. Esto supuso para el presidente Trump mandar un mensaje de firmeza política ante las demandas sociales, así como desmarcar su figura y su propio discurso antiinmigrante de los tiroteos masivos. En la segunda, no obstante la festividad y el tono partidista del evento, se pronunció sobre el reciente tiroteo en una escuela en Parkland, lo cual lo llevó a denunciar nuevamente la cultura de la violencia en el país y a reconocer el carácter recurrente de los tiroteos masivos, aunque siempre en un marco discursivo que reafirmó las posiciones antiinmigrantes y la legitimidad del derecho a portar armas. Sin ir más lejos, sugirió que una manera de prevenir los tiroteos en las escuelas era armar al personal docente.

Ambos casos evidenciaron la importancia de considerar las situaciones comunicativas en las que se construyó su discurso sobre la violencia armada, destacando el escenario, los participantes, las acciones comunicativas y los conocimientos y creencias que el discurso de Trump buscó activar en las audiencias, situaciones que nos permiten, en estos dos casos, explicar que Trump haya abordado cuestiones que habían sido ignoradas o tratadas marginalmente en sus otras intervenciones. Con todo, esto no impidió que incluso en estas dos declaraciones el mandatario buscara activar una cognición social coherente con su nacionalismo conservador, en la que la violencia armada era interpretada como resultado de una enfermedad moral e individual y el Estado era concebido como un agente reactivo del orden y no como un agente que puede intervenir en la transformación de las condiciones sociales que alimentan la violencia; por ejemplo, mediante la regulación del acceso a las armas. A esto se sumó la reafirmación de prejuicios socialmente compartidos entre los sectores conservadores sobre la inmigración no blanca, junto con la defensa irrestricta del derecho a portar armas y la exaltación de la unidad nacional y los valores conservadores como respuesta frente a la tragedia.

De este modo, se concluye que el discurso de Donald Trump sobre la violencia armada en Estados Unidos sí se articuló en torno a marcos cognitivos vinculados al nacionalismo conservador, aunque de manera adaptativa y estratégica. Lejos de responder a un patrón unívoco, sus intervenciones ante tiroteos masivos buscaron construir contextos específicos para orientar su interpretación, atendiendo diferentes situaciones comunicativas. Estas maniobras —a modo de malabares discursivos— le permitieron condenar públicamente los tiroteos sin contradecir a fondo las posiciones de su nacionalismo conservador. En este sentido, sostengo que su discurso configuró una visión específica de la violencia armada y, al mismo tiempo, buscó influir activamente en la forma en que las audiencias debían comprenderla y responder.

 

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Recibido: 22 de diciembre de 2024
Aceptado: 12 de agosto de 2025

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